domingo, 22 de noviembre de 2009

La chica de negro...

¿Nunca has tenido la sensación de ir por ahí caminando, y de encontrar unos ojos que con mirarlos te transportan a otro lugar? Pues eso ocurre y ocurrió, no hace demasiados días. Si alguna vez te has dado cuenta de la diferencia, mirando en un libro de ciencias de la naturaleza entre La Tierra y El Sol me podrás comprender a mi entonces...

La gente inundaba el lugar, sudor hormonas e instintos se olían en el ambiente. Era como estar dentro de una jaula de perros y perras en celo rizándose a poca distancia unos de otros. La música estridente que sonaba cogía desprevenido a más de un oído sensible y el alcohol recorría como si una carrera de fórmulas uno se tratara mis venas...

Cerveza tras cerveza el ambiente iba caldeandose, entraba más y más gente y parecía ser de las noches en las que escuchabas y veías un concierto, hablabas un poco con algún que otro amiguete y aplaude y vámonos...
Para mi fortuna (o mi desgracia según como lo miremos) esa noche se transformó, se hizo una noche de día, cuando una de mis inocentes miradas se cruzó con algo tan bello y único que hasta el mismísimo Miguel Ángel Buonarroti con su obsesión por la perfección quedaría tan maravillado como yo...

Pasó a mi lado, moviendo las moléculas de aire que nos rodeaban. Como explicar lo que en ese momento pasó... tantas sensaciones juntas, mis ojos se cerraron y mis cinco sentidos se activaron como si en una situación de peligro estuviese. Podía escuchar todo, a pesar del ruidoso ambiente y los instrumentos a todo trapo, podía verlo todo y sin embargo mis ojos estaban cerrados, el aroma que entró por mi nariz, despedido de su cuerpo y su pelo recién lavado no puede recogerse ni juntando todos los frascos de perfume del mundo... No sé si fue parte de mi imaginación, pero noté el sabor de su piel, de sus labios en mi boca y mis músculos se tensaron con sólo pensar que estaba a punto de tocarla...

Poniéndome en situación de nuevo, saludó a lo que parecían ser unos cuantos conocidos justo detrás mio. Mi corazón me pedía a gritos un respiro, ya que no podía latir más de lo que ya lo hacía así que decidí salir a tomar algo de aire y respirar un poco de realidad. Sin duda había experimentado tanto, en tan poco tiempo que me encontraba aturdido...

Sólo necesite un par de minutos y me decidí a entrar de nuevo pero noté como la cerveza y su jarabe de flor venenosa llenaba cada vaso sanguíneo de mi cerebro, pinchando a una y cada una de mis neuronas una dosis de relajante celular...
Ahora me encontraba delante del escenario, viendo a aquel grupo dar unos cuantos acordes que, si no hubiese sido por la mala sonorización, podían haber sonado hasta bien... De repente mi pecho empezó a estremecerse, si soy sincero, me asusté, pensé que el corazón quería salirse y escapar, pero todo ello tenía una explicación y era Ella, la chica de negro una diosa disfrazada de mujer...

Percatándose ella de mi presencia y que mis ojos no se separaban de su figura, se dio la vuelta, haciendome enrojecer, y sensual y lentamente se fue acercando. Su falda ondeaba dejando ver sus más que perfectos muslos, con cada paso sus pechos se movían al ritmo en que sus pies tocaban el suelo y una sonrisa en su cara se dibujó como el mejor y más bonito de los lienzos de Velázquez.
Dudé en su totalidad de que ese gesto de tan hermoso ser fuese dirigido hacía mi pero cada vez estaba más cerca...

Ya a mi lado, me miró, hice el esfuerzo más inhumano nunca conocido para no partirme en pedazos, derretirme o simplemente morir allí mismo. Se acercó a mi oído queriendome decir algo y sus labios, de fresa y nata, susurraron tres palabras que podían resumir mi vida... "tuya, para siempre..."

Esas tres palabras entraron hacia mi cerebro y eran las notas musicales más bellas que había oído nunca de ningún instrumento y de ninguna voz parecida... La amalgama de sensaciones y sentimientos que llegué a sentir no puedo explicarla, ni si quiera acercarme a una milésima parte con todas las palabras más hermosas del mundo...

Aunque no todo fue tan bonito... de repente desperté en una calle, no demasiado lejos de mi casa a unos 3 o 4 kilómetros, solo, sin saber como y por que había llegado hasta allí. Miré a mi alrededor la calle estaba desierta, saqué mi teléfono móvil y la hora que marcaba eran las 4 de la madrugada... "todo es tan extraño", pensé. Aún sentía en mi cabeza el efecto de la cerveza, pero no sabía si todo fue real u objeto de mi imaginación... lo único que sé, es que las palabras de aquella chica retumban aún hoy en mi cabeza y nunca sabré el significado de aquello que una Diosa dijo a un insignificante mortal...


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